14.08.2017
Habana Radio

Kraken: para no olvidar nunca quiénes somos

Estrella Díaz

“Ibrahim Miranda es probablemente el único gran monstruo mítico con que cuenta actualmente el arte cubano, tan lleno de animales domésticos (o domesticados) y pececitos de colores brillantes nadando en sus peceras”, asegura —a propósito de Kraken— el crítico de arte y curador Orlando Hernández.

Kraken es la más reciente propuesta de Miranda (Pinar del Río, 1969) que hasta septiembre próximo se exhibe en la galería Orígenes, del Fondo Cubano de Bienes Culturales, ubicada en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso. El kraken es una criatura marina de la mitología nórdica queadopta la imagen de pulpo o calamar y Miranda se apoya en esa leyenda para tejer su más actual discurso que propone un dialogo metafórico entre el mundo interior y exterior.

Obras de Ibrahim se encuentran en importantes instituciones como el MoMA (Museum of Modern Art, New York), la NationalGallery of Art, Washington), ambas en Estados Unidos; en el Van ReekumMuseum, Appeldorn, Holanda; en el Museo de Gravura, Curitiba, Brasil, y en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana, entre muchas otras y ahora exhibe para el público cubano Kraken, exposición en la que la pintura señorea: no olvidar que Ibrahim Miranda es un excelente grabador.

Tomando como pretexto Kraken, desempolvamos una conversación sostenida hace un tiempo con el artista en el programa Luces y sombras de Habana Radio que formará parte de un libro —de quien suscribe estas líneas— que prepara Boloña, editorial perteneciente a la Oficina del Historiador.

Eres egresado de la Escuela Nacional de Arte (ENA, entre 1984-1998) y te graduaste del Instituto Superior de Arte (ISA, 1988-1993) ¿cómo te inclinas hacia las artes plásticas?, ¿hay alguna influencia familiar?

“Tengo una tía que es una persona muy sensible y que era amiga de la que en aquel entonces era la esposa de Pedro Pablo Oliva —estoy hablando del año 1981-1982. Como la mayoría de los muchachos, de niño siempre andaba dibujando, aunque tuve una experiencia deportiva: practiqué atletismo durante tres años, pero sinceramente era malo, no obstante me formó físicamente, pero sentía otras necesidades intelectuales.

Mi tía se dio cuenta de esas dotes y me llevó al taller del maestro Pedro Pablo Oliva con el propósito de que me motivara e incentivara para hacer los exámenes de ingreso en la ENA. Cuando fui al taller de Oliva y vi su obra me quedé muy impresionado y recuerdo que me pidió que hiciera un dibujo: hice el retrato de un rey —era un hombre con una gran corona—, y al verlo Pedro Pablo Oliva me dijo: «tienes que hacer las pruebas ya» y seguí su consejo. Hice los exámenes y aprobé. Hasta el día de hoy no he dejado de pintar.

¿No tuviste una preparación previa, ni maestros particulares que te enseñaran algunos rudimentos?

“No. Hice las pruebas con toda naturalidad ¿qué hay que hacer?: ¿un bodegón?, pues ahí está el bodegón; ¿figuras geométricas?… empezaron a salir. La verdad es que todo fluyó sin mucha complejidad.

Llegas a la ENA, un sitio que abre muchas perspectivas a personas con sensibilidad, rodeado de otros jóvenes con inquietudes. El cursar la ENA, ¿para qué te sirvió?

“Para todo y me emociona hablar de esta etapa. La ENA y el ISA son como mundos cerrados. Vivir la ENA y el ISA fue como una fantasía; estar nueve años de mi vida ahí fue como viajar a otros mundos, a otros planetas, a otra dimensión. Allí conocí a músicos, poetas, bailarines —de danza contemporánea y de ballet clásico—, actores, dramaturgos, teatrólogos, musicólogos, compositores. Era un lugar privilegiado y donde quiera que uno miraba respiraba y absorbía arte.

¿Y esa interrelación con otras especialidades de las artes te nutrió para la obra posterior?

“Durante mis años de estudios, viví esa experiencia intensamente, pero después me alejé; incluso hice colaboraciones con gentes de música y de teatro —me dedicaron obras y yo dediqué obras. Fue una etapa hermosa, pero inmediatamente que me gradúo del ISA me fui a México y allí comencé a absorber otra cultura, que me atrapó. México es un país poderoso a nivel folklórico y cultural.

La gráfica mexicana es muy reconocida.

“Tenía mis antecedentes y pensaba que conocía la gráfica mexicana, pero cuando llegué allí fue que, de verdad, empecé a entender el mundo mexicano. Cuando uno es estudiante se torna un poco pretencioso y algo altanero, pero cuando te familiarizas con el lugar, inmediatamente, se te bajan los humos. Al ver los murales de Diego Rivera, de José Clemente Orozco o de David Alfaro Siqueiros uno se dice: tengo que empezar de cero. Después del ISA, el contacto con la cultura mexicana fue la otra escuela.

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Kraken: para no olvidar nunca quiénes somos

By August 14, 2017Artists, Interview, News

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